¿Chile Limpio?: Un Cuarto de la Matriz Energética a Carbón

Más allá de la decisión del Presidente de solicitar el cambio de ubicación de la polémica Central Barrancones, hay que reflexionar si es conveniente para el medio ambiente y la salud que la energía del país provenga en un 25% de ese mineral.

Sorpresa y revuelo causó en algunos sectores la decisión del Presidente, Sebastián Piñera, de solicitar a la empresa GDF Suez que cambiara de ubicación la polémica central térmica a carbón Barrancones –que se emplazaría en una área de la Región de Coquimbo muy cercana a una zona ecológica protegida–, lo que fue aceptado por la compañía, pese a que el proyecto había sido aprobado por la Corema. Sin embargo, la sorpresa de muchos proviene porque en las dos décadas pasadas la población de Chile se había acostumbrado a gobernantes y políticos cuyos compromisos de campaña pasaban inmediatamente al olvido una vez elegidos.

Por el contrario, el actual Primer Mandatario respetó el compromiso adquirido mientras era candidato, en el cual manifestó su oposición a las centrales que pudieran ser dañinas con el medio ambiente. Todo esto ya le está valiendo al Presidente una serie de críticas por parte de grupos de presión empresariales, e incluso de políticos de su propio conglomerado, que hablan de ponerse al margen de la ley y generar incertidumbre para futuros proyectos de inversión. No obstante, la máxima autoridad nacional demostró una vez más su independencia frente a estos grupos, pues sus decisiones siguen apuntando al bien general de la nación. Además, echa abajo la tesis de la Oposición de que éste iba a ser un gobierno para cuidar los intereses de grandes empresarios, como sí ocurrió en las administraciones anteriores, según lo han reconocido altos personeros de la Concertación.

¿Matriz Carbonera?

Pero la decisión del Presidente Piñera también está haciendo reflexionar sobre lo conveniente que es la conformación de nuestra matriz energética, y cuán amigable es con el medio ambiente. Según datos de la CNE, a diciembre de 2009, la capacidad de generación instalada del Sistema Interconectado Central (SIC) está conformada en un 51,86% por centrales termoeléctricas, destacando que un 9% son carboneras (pudiendo llegar a un 25% hacia 2015), y un 14,7% petroleras, las tecnologías más contaminantes. En el SING, en tanto, un 32% de la matriz es carbonera, mientras que a nivel país bordea un 14%, estimándose que a 2015 incluso volvería a llegar a 25%, tal como ocurría a mediados de los ’90, pese a la riqueza hidrológica de Chile. De hecho, hay en carpeta proyectos a carbón por más de US$18 mil millones, con cerca de 11.000 Mw, es decir, lo mismo que hay actualmente en el SIC. Por el contrario, en generación hidroeléctrica la participación es 47,41%, en tanto que las eólicas no representan ni siquiera el 1%.

Es claro que Chile necesita en forma urgente recursos energéticos para llevar adelante su meta de ser desarrollado, considerando que con un crecimiento promedio del país de un 5% se duplicará la matriz al 2020 y se triplicará al 2030. Algunos estudios dicen que en los próximos años, con eficiencia energética, se podría lograr un ahorro en torno al 4%-5% y las energías renovables no convencionales (ERNC) podrían llegar a representar un 10%. Sin embargo, el Presidente Piñera planteó que de aquí al 2020 un 20% de la matriz provendría de ERNC.

Entonces, es claro que hay que compatibilizar la necesidad de energía con los requerimientos medioambientales, y no sólo por la salud de la población, sino porque Chile ha firmado una serie de tratados de libre comercio que así lo exigen. Y como lo planteó el Presidente, se debe perfeccionar la institucionalidad ambiental –más allá de lo que se tramita en el Congreso–, pues no es posible que se autoricen proyectos contaminantes en sitios cercanos a Santuarios de la Naturaleza y en los bordes costeros.

Via Estrategia


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